El Villa dominó el partido a través de tres mecanismos tácticos claros: juego posicional con cambios de orientación, presión alta tras pérdida, y transiciones rápidas desde recuperación en zona intermedia.
Dominio posicional por banda izquierda. Los datos muestran un patrón repetido: el Villa recirculaba por los centrales (Pau Torres-Konsa) para fijar el bloque medio del West Ham y luego aceleraba por la izquierda con la conexión Digne-Rogers-Watkins. Las ocasiones del minuto 21, 23 y 29 siguen exactamente esta estructura — entre 6 y 10 pases progresivos con al menos dos cambios de orientación antes de llegar al remate. El Villa completó el 86% de sus pases (472/547) frente al 80% del West Ham (306/381), pero la diferencia real está en la progresividad: la mayoría de las secuencias del Villa acababan en zona de finalización.
Presión alta y recuperaciones de Onana. Amadou Onana aparece como eje defensivo en zonas intermedias-altas. En el minuto 17, recuperó en x:65.6 tras disputar un balón con Diouf y lanzó una transición de 14 segundos que acabó en disparo de Barkley. En el minuto 67, su entrada sobre Bowen en x:30.7 originó la jugada del segundo gol. Cada transición ofensiva del Villa con mayor peligro nació de una recuperación de Onana en la franja x:30-x:65.
Rogers como finalizador desde segunda línea. Morgan Rogers registró 5 remates, más que cualquier otro jugador del partido. Su posicionamiento le permitía aparecer en zona de finalización tras desmarques desde segunda línea — los datos muestran que sus disparos llegaban desde x:82-x:100, es decir, siempre dentro o al borde del área. La secuencia del minuto 29-30 (triple ocasión con dos salvadas en la línea) es el ejemplo más claro de su capacidad para repetir llegadas.